El WhatsApp (y sucedáneos) o como llevar dos vidas

Todos lo hemos vivido. Has quedado con tus amigos o familiares para tomar algo y no es difícil ver alguien que dedica más tiempo a su teléfono que a la gente que está a su alrededor. Sí. Es el dichoso WhatsApp (o Line, o WeChat, o Viber o cómo sea que se llame…), y es que claro, como no vas a contestar, sólo es un momento... Tanto es esto que llega un momento en el que la aplicación nos posee totalmente y nos sentimos en la más absoluta obligación de responder a cada mensaje que llegue a la mayor presteza posible, estemos donde estemos y sea la hora que sea. Y es realmente preocupante, si te paras a pensarlo, son muchas las cosas que dejamos de hacer y muchas las cosas que nos perdemos por dedicar tanto tiempo a la dichosa aplicación.

Al final, lo que iba a ser un momento trasciende en muchos momentos a lo largo del día y pasamos a ser esclavos de la aplicación llevando una doble vida, una corriente y otra digital, cuyo centro del universo es una pequeña pantalla de apenas unas pulgadas. Y no tenemos tapujos para utilizar el teléfono en cualquier situación, en el bar, en restaurantes, en el cine, en el trabajo, ¡algunos incluso conduciendo! Al final, la vida digital pasa al primer plano y la vida corriente pasa a un segundo.

Qué bueno poder estar cerca de las personas que están lejos, que bueno poder comunicarte en cualquier momento con casi cualquier persona pero la moderación quedó unas cuantas horas atrás y te das cuenta cuando has pasado el día escribiendo en el dichoso aparatito y la batería apenas respira. Cierto que no es más que mi opinión, pero creo que debemos intentar a toda costa limitar el uso de este tipo de aplicaciones, no cuando realmente sea necesario, no cuando esté más que justificado, pero si al menos cuando sea bastante obvio, cuando lo atendemos a costa de las personas que tenemos alrededor, cuando sacrificamos otras cosas más importantes. Centrémonos en las cosas que importan, cosas que cada día pasan de largo sin que nos demos cuenta y que probablemente echaremos mucho de menos cuando no podamos disfrutar, ahh, la vida es aquello que pasa mientras estas pegado a tu móvil.

Date el lujo de apagar el teléfono de vez en cuando, descansa, desintoxícate, recuerda que también existen las llamadas, a veces es gratificante oír la voz de otra persona y no contestes por sistema a cada mensaje que llegue. No te preocupes porque se enfaden contigo si no contestas, es su problema, no el tuyo, tienes una vida, aprovecha el día, haz algo que te guste, a fin de cuentas, ese mensaje seguirá ahí cuando quieras leerlo. Tu teléfono no es más que una herramienta más de comunicación, no el director de tu vida.

Jandro
desde Granada
@jandroa



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Mejor no, este experimento acabó hace mucho tiempo... :)